La principal característica es un rechazo de la diferenciación radical entre sagrado y profano, fruto de la modernización, y un proyecto de unificación institucional de esta dicotomía, para reponer la religión en el centro de la vida social, como un factor decisivo y un punto esencial de referencia para las decisiones en materia de política social.
Diferenciaremos por religiones:
Islámica:
El Islam fundamentalista elabora una doctrina que le hace estar convencido de que, no sólo el contenido, sino también la forma del Corán, hasta su última palabra, son de origen divino. Es una palabra increada de Dios, dictada el profeta por un ángel que la leía de un libro conservado en el cielo. Debido a esta forma de entender el texto, que olvida el contexto integral y personal de la verdad, se considera el Corán como una ley que regula la vida en todos sus detalles. El resultado práctico de esta ideologización fundamentalista será el previsto: monopolio de la verdad, intolerancia, exclusión de quien no hace la misma lectura objetiva y legalista, opresión y represión, terrorismo intelectual y despotismo frente a toda persona que sea considerada enemiga.
Judía:
Los diferentes movimientos fundamentalistas judíos tienen algunas características en común, como son el rechazo a relacionarse con el mundo exterior, siendo su modo de vida, su transporte, su trabajo exclusiva de correligionarios. Además comparten una concepción exclusiva de la verdad y consideran el judaísmo como la única revelación de Dios válida para la humanidad. Es más, entre las diversas interpretaciones judías, sólo aceptan la suya. Rechazan la concepción de la política como un ejercicio social compartido por varias personas para conseguir unos fines de alcance comunitario.
Cristiana:
La salvaguardia de la fe cristiana va acompañada, en el fundamentalismo, de una serie de actitudes como:
Intransigencia respecto a los que no comparten la propia fe, aislamiento derivado de la intransigencia del grupo (creen ser los elegidos por Dios), autoritarismo encarnado en un líder fuerte que es quien mejor encarna la voluntad divina (culto a la personalidad y carácter iluminado de los líderes). Dualismo con concepción maniquea de la realidad (ven la vida como la lucha entre Dios y Satán), tradicionalismo (aduciendo decadencia actual y vuelta a los valores de concilios como el de Trento o el Vaticano I), e incapacidad para el discurso (se predica lo establecido sin tener que argumentar sobre lo que se busca o lo que se cree).
No hay que olvidar las grandes batallas y sangrientas guerras "santas" en nombre del Creador y con una finalidad mas política y expansionista que religiosa, no ahondaré en el tema de la religión , pues es un punto controvertido, cada cual tiene su propia concepción y es libre de creer en lo que sienta mas adecuado. Lo que si es cierto es que desde hace ya muchos siglos se encuetra el paradigma religión/política (sinceramente no encuentro hasta hoy y según la historia vencedor en argumentos y razones a ninguno de ambos, probablemente no lo haga nunca...